Llegamos un miércoles y el jueves las primas de Pilvio (a la izquierda las dos) nos llevaron a una disco a bailar Funky brasileiro (especie de reggaeton).
En Rio de Janeiro nos acogió la familia lejana de Pilvio, que incluso él no conocía. La verdad es que nos trataron de maravilla, sobre todo su tia Maria (a la izquierda) que nos hizo de guía por la ciudad.
En la foto la parejita de Madrid (Quique y Luci), y Brasi (el gallego). Primera aventura en solitario en Arraial d'Ajuda, un pueblecito a una hora de Trancoso.Fue un fin de semana intenso que me ayudó a acabar relajado el mes en Trancoso y empezar el cambio de conciencia de perder el miedo a viajar solo.
Las palmeras cocoteras están por todas partes. De sus cocos bebemos el agua bendita que nos quita la sed.
La desembocadura del río Trancoso varía con las mareas. En la foto con marea baja se puede atravesar, cuando está alta hay barqueros para cruzarlo.
La iglesia del pueblo está situada en un sitio espectacular llamado el Cuadrado. Es como una gran explanada de hierba verde donde pastan los caballos rodeada de casitas que parecen de los pitufos. Detrás de la iglesia hay un mirador desde el cual se abarca toda la playa. La visión de estrellas en el Cuadrado nos produjo alguna discusión que otra sobre el origen del universo.
La gastronomía en Trancoso dependía mucho de nuestras manos. Mermelada de pinha casera y strozzapreti, amasados con la botella de cachaça, eran algunas de las sugerencias del menú.
Tranquilos familia y amigos, creo que no elegí una buena foto. Estoy perfectamente. El efecto del agua más la genética derivada de mi abuelo El Garreta producen una visión distorsionada de mi cuerpo. En cambio en Trancoso lo único que haciamos era hacer deporte y comer. Aqui algunas fotos del entrenamiento.